Ding, ding…
Si es que tuviera que definir un segundo, un momento, solo podría ponerlo cerca de la noche y oyendo esa canción que haga de ese momento uno inolvidable, atraería esa pisca de presión que siempre se necesita para realmente poder sentir todo lo que uno quisiera y desafiaría a las leyes de la gravedad haciendo que en ese determinado segundo estemos flotando, flotando a esa altura en la que solo se puede vibrar y estallar de júbilo. Me paro a pensar todo lo que he dicho y sospecho que falta algo, a lo mejor sea mi imaginación pero aun no siento que esté totalmente definido. Doy pequeños saltos, seguidos por un par de aplausos y agito mi cabeza, siento como el pitido inicial esta por sonar, miro a mis lados y me siento cubierto. Suenan unos pocos segundos y solo siento que esto acaba de iniciar y por el momento tiene buena pinta, a lo mejor no sea tiempo de definir ese momento, solo de mantenerlo y agrandarlo.






