Antes del uno
Cambias de música, subes el volumen, buscas el control remoto. Te sientes indiferente ante el sonido, das vueltas una y otra vez, durante unos cuantos segundos dejas todo en pausa, y es en ese preciso momento en el que consigues encontrarte una vez más ante ese estandarte.
Te acuestas y lanzas el balón hacia arriba, el movimiento se repite una y otra vez, la noche empieza a caer y solo quieres salir de tu cuarto y ver si de algún modo la música termina de hallarte. El balón cae al suelo y sin tener la intención aplaste el control remoto y la música sigue su ritmo. Te paras enérgicamente, sales del cuarto como si te llevara el diablo, te subes al carro y emprendes tu viaje hasta donde quiera que esa canción te lleve. Llegas a esa puerta negra y tiemblas cuando te das cuenta que debes timbrar, esperas un par de minutos y te llenas de agallas, sale ese brillo y de una vez por todas has logrado quedarte dormido.






