Copa fina
Dibujo las siluetas de las palabras y por enésima vez se ven más grandes de lo que me gustaría, copan mucho más espacio y sobresalen en la soberbia de ese viejo papel. Me decanto por afilar el lápiz y tratar de hacer trazos mucho más finos, mas estilizados. Mis esfuerzos se ven rotos cuando ante más fina la punta, más sobresaliente son las letras, me coloco a unos cuantos metros de distancia y trato entrecruzar las frases, intento verlas doble o algo que me obligue a botar el papel, pero nada. Son de esos momentos en los que ni el mayor esfuerzo de cambio corrompen una línea casi perfecta, una que sin querer brillar opaca a todas las demás, esa que encuentra en el desenfreno su mayor aliado, esa en la que no hay paredes blancas, y no hay guerrero que huya. Salgo del cuarto y me percato que alguien estuvo observando por la perrilla, me pregunto que le habrá atraído si mi locura o las palabras libres flotando sobre ese viejo papel.

Si tus mentiras fueran verdades
Divago frente al espejo buscando una expresión, que me guie hacia eso que busco expresar. Mientras rebusco en cajones prehistóricos una cámara que consiga ese efecto estático que trato de encontrar; y así sabiendo que tengo ese segundo paralizado podría mostrarlo y de una vez por todas demostrar que no lo he perdido que aun sigue allí, solamente que ahora solo sale de vez en cuando en busca de sol o algo por el estilo, es un ermitaño muy afiligranado.
Presiento que el viento murmulla detrás de mí, y siento por instantes que hasta mis propias facciones se conjuran contra de esa necesidad de explayarme una vez más, me estanco y creo que por un tiempo será casi imposible el ver ese brillo que debes en cuando opaco cualquier otro metal. Cuando por fin encuentro la cámara ya se me fueron las ganas de encontrar ese momento tal vez simplemente quiera que nadie se dé cuenta, que sea una sonrisa leve y sin consentimiento, una brisa casi imperceptible para el humano común.

Leve desliz
Empacas las maletas y te decides a dar un giro en este plan descomunal, metes ropa para toda clase de estación, y muy enfrascado en tu ideota comienzas a dirigirte hacia esa estación que todavía no te dice hacia donde te lleva o qué consecuencias tendrá. Sin darle demasiada importancia a los avisos en el trayecto, ves como a cada momento esa señal está más cerca y cada vez te das cuenta que la maleta contiene demasiadas cosas innecesarias y totalmente irrelevantes.
La cola llega hasta el fin de la acera y se pasa por tu mente que tal vez no sea necesario emprender este viaje el día de hoy; te pones los audífonos y te colocas como meta esperar hasta que la batería se muera, es decir algo que sabes que ocurrirá en unos diez minutos y por lo tanto esa cola no avanzaría en lo absoluto y de ese modo podrías posponer tu viaje, y así en el futuro tendrás una valija más pequeña y mucho más racional, más compacta. Increíblemente solo faltan tres personas y la música sigue sonando, tu cara no deja opción alguna, tu mirada atónita destaca lo impredecible que se ha vuelto este viaje, y si a la final todo estaba programado para sabotearlo pero…. Cuando justo es tu turno se termina la batería, te muerdes los labios y miras a la señorita, le dices que te de un pasaje para donde ella crea conveniente, te queda mirando fijamente y te dice que te mandara en el mismo viaje que la última persona en hacerle esa pregunta, cuando está imprimiendo el billete, le preguntas cuanto es, ella sonríe y solo te da un pedazo de papel, que dice: “de unas veinte vueltas alrededor del parque, luego corra hasta no sentir las piernas y quédese pensando en si realmente necesita una maleta y un porque para hacer un pequeño cambio, y por si necesitara algo mas tal vez pueda hacer un viaje más corto hacia la noche y la agonía de la lluvia, a la final ya está donde yo lo quisiera tener”.
Espejo dilatado
Cambios en la sintonía y por dicho hecho en la frecuencia, te replantas ciertas ideas y terminas en un gran nudo casi intragable. Te involucras demasiado y sientes que la corriente empieza a abarcar un gran espacio, es el momento, estas en ese punto en el que simplemente el dejarte llevar es mucho más simple es mucho más entretenido. Difundes las imágenes que van pasando por tu cabeza y todas las extrañas melodías pasan por tu mente de un modo vertiginoso, te agarras de los pelos y crees que por primera vez las melodías son mucho más relajantes, son mucho más pasivas, son precisamente eso de lo que nunca pudiste sacar cara, son aquello demasiado serio casi tan madura como tu imagen ante el espejo. Pero a la final que se yo.
Relación tortuosa
Han pasado más o menos cuarenta y cuatro mil seiscientos cuarenta minutos desde que todo se responde por dos, pareciera ser que un primer segundo beso es indescriptible; pareciera que las estrellas y la luna se confabulan para hacer que ese momento sea eterno; las primeras gotas de lluvia empiezan a aparecer y todo parece ser un solo cuerpo, algo físicamente imposible, pero que muy posiblemente si se da. Pongo en duda mi cabeza y la separo de mi cuerpo, intento descifrar ese camino compartido, mirando tu espontaneidad y tu simpleza, tus caprichos, y tus arranques misericordiosos, trato de desatar tu furia y solo consigo una mirada directa y enfocada, son tus ojos los que brillan como ese día mas radiante, ese que solo es tapado por una sonrisa cómplice, una que encaje perfectamente con esos ojos eternos, esos que fueron perfectamente hechos para que cuando esboces una sonrisa todo tenga un sentido utópico y por primera vez quiera congelar el tiempo de por vida; me quedo enfrascado y recuerdo que esto es un baile aun por comenzar. Miro de lado a lado, me cacheteo una y otra vez y solo queda confirmar que era un nueve, uno de esos que no se pueden desaprovechar, de esos que siempre están en el lugar adecuado en el momento adecuado, y solo queda aprovechar, reír y miles de cosas más, muchas más, tantas que el querer quedara minimizado, y el universo será un pequeño espacio, que querrá igualar esta necesidad de velocidad en esta relación inverosímil.








