Relación tortuosa
Han pasado más o menos cuarenta y cuatro mil seiscientos cuarenta minutos desde que todo se responde por dos, pareciera ser que un primer segundo beso es indescriptible; pareciera que las estrellas y la luna se confabulan para hacer que ese momento sea eterno; las primeras gotas de lluvia empiezan a aparecer y todo parece ser un solo cuerpo, algo físicamente imposible, pero que muy posiblemente si se da. Pongo en duda mi cabeza y la separo de mi cuerpo, intento descifrar ese camino compartido, mirando tu espontaneidad y tu simpleza, tus caprichos, y tus arranques misericordiosos, trato de desatar tu furia y solo consigo una mirada directa y enfocada, son tus ojos los que brillan como ese día mas radiante, ese que solo es tapado por una sonrisa cómplice, una que encaje perfectamente con esos ojos eternos, esos que fueron perfectamente hechos para que cuando esboces una sonrisa todo tenga un sentido utópico y por primera vez quiera congelar el tiempo de por vida; me quedo enfrascado y recuerdo que esto es un baile aun por comenzar. Miro de lado a lado, me cacheteo una y otra vez y solo queda confirmar que era un nueve, uno de esos que no se pueden desaprovechar, de esos que siempre están en el lugar adecuado en el momento adecuado, y solo queda aprovechar, reír y miles de cosas más, muchas más, tantas que el querer quedara minimizado, y el universo será un pequeño espacio, que querrá igualar esta necesidad de velocidad en esta relación inverosímil.






