Chinita

Septiembre 16, 2008 at 9:16 pm (infaltables)

 

Favorablemente nunca tuve la cualidad del detallismo o al menos de ese que explota cada milésima de algún ser. Me pongo como meta lograr describirle de un modo inigualable uno en el que el más sencillo punto sea el más complejo dentro del detalle; un enredo seguro, un motivo provocante tal vez, aunque lo único que sé es que habrán errores y destellos de grandeza una y otra vez.

Me paralizo ante esa mirada, esa que deslumbra cada que quiere demostrar una posición, esa que desgarra hasta la más firme posición inhóspita y más aun complicada, que de algún modo detiene toda la brisa que pasa cerca de esa firmeza, y esta te envuelve con su café verdoso uno de esos que solo puedes hallar en tus sueños pero eso se complica cuando este se torna realidad y ese brillo iluminado sorprende con tan solo hacer un pequeño reojo. Cuando consigues quitar tu mirada de sus ojos terminas anonadado con su boca; esa que tiene el volumen perfecto, o al menos ese que llama tu atención, miras como habla y solo quieres ver ese instante en el que se muerde el labio inferior de un modo demasiado provocador, tanto que por un instante dudas en el cómo sentir. Después de un par de segundos te enfocas en todo su rostro y lo intentas descifrar, tratas hallar el porqué no puedes despegarte y el porqué se ha vuelto algo necesario de ver, algo en lo que quieres creer. En ese último segundo que te decides a darte la vuelta, ves como de la nada te cae esa idea, esa que te dice que la compares con algo, empiezas con los clásicos comentarios demasiado surrealistas  que es como un ángel o como la flor más bella que existe, o  como ese paraíso aun por encontrarse; te frustras y decides simplemente decir que no hay una palabra o una cosa que la describa y más bien de hecho es tu cosa y no podrá ser lo mismo para alguien más, será eso que cuando cierras los ojos no puedas creer que la sigues viendo, será por lo que gritas aferrado y por lo que una algarabía no es suficiente, eso que borra la gravedad y transforma lo imposible en algo pretencioso.

Bajas a su cuerpo y crees que es el momento adecuado de sentir los aromas y tener incertidumbres, primero anticipas sus curvas esas que no necesariamente son tan pronunciadas como te las hacen ver, pero tienen eso que las convierte en una curva agridulce con ciertos encontrones que hacen estallar el jubilo pasivo; pasas tu mano por su silueta y sientes como los arboles cierran sus hojas y tratan de no desquiciarse ante tal momento, sigues esa carretera como si fuera una carrera de quien va más lento, y por tanto de vez en cuando repites algunos tramos, hasta que llegas a sus caderas y en esos momentos sientes la simplicidad, y la pura tranquilidad de saber que son tus yemas las que andan por todo ese cuerpo. Se terminan las palabras y solo tienes ganas de gritar algo elocuente, empiezas a balbucear y ves que ya no eres el mismo, piensas que esta suerte se depurara con el tiempo.

Te callas y piensas en sus almohadas tan regocijadles, pasando por esa medianoche que produce brillos ensordecedores y sus valles con diferentes terminaciones; se desvaloran sus reacciones y te asusta el hecho de que todo siga tan así, si tu ni siquiera has comenzado lo que te propusiste, quieres pensar que eres un canalla y solo imaginas que has andado por unos momentos sobre esa perfección que solo era colección de sueños y que ahora se deduce en una realidad que invoca un inaudito placer tan infantil y atrayente, pasando por una extensa gama de sensaciones y personalidades, que si las sumáramos fueran unas nueva que suman diez y como fondo constante esa brillantez que se oculta bajo esa ingenuidad controlada y esa felicidad derrochadora.

Como lo dije nunca serví para esto y de hecho creo que no lo he cumplido a cabalidad lo cierto es que suena casi parsimonioso o de hecho perfectamente real.

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